martes, 25 de septiembre de 2012

SABER O NO SABER

"ESA CARA DE IDIOTA" capítulo 6



Podría empezar por contaros lo que sucedió, como acabó todo...pero sería inútil porque todo acabó antes de yo misma saberlo. ¿Cómo caer en la cuenta de algo que desconoces?... Y sobre todo, cuando una mañana de Otoño lo vuelve todo anaranjado, te hace sentir en paz...no hay manera de que el tiempo te haga odiar o pensar mal. Por eso mismo, este final fue el principio de otro final dubitativo.
Sé que llego tarde, sé que no llevo la ropa apropiada y seguramente no vaya todo lo abrigada que debiera, que es Otoño y de nuevo olvidé el paraguas en casa - bonita manía mía de confiar en el sol -, que hemos hecho cábalas para conseguir vernos en este día, que yo no deseaba dejarlo escapar, que necesito verle, lo sé, cuantísimas cosas  hoy y, sin embargo, desconocía la más importante, ¡que más dá!, llego demasiado tarde como para pararme a pensarlo. Hoy es un día especial, pero solo para algunos, San Valentín. Siempre he sido de aquellas que trataban de ir contra lo impuesto y me encerraba en mi frase de: "San Valentín es un invento del corte inglés, bla bla bla" ¡pamplinas!... Porque luego llega una y se encuentra en esta situación: le quiero, y le voy a ver hoy... justo hoy y, sin ni siquiera entender por qué, siento que es un día diferente y que, si fuésemos una pareja normal, desearía que me regalase una rosa de esas rojas que todo el mundo compra tanto cuando quiere pedir perdón como cuando quiere mostrar su amor...Yo nunca le dije que mi flor favorita eran los tulipanes, que era chica difícil pero fácil de engañar, que odiaba las rosas... Pero hoy, sin saber porqué, deseaba esa estúpida rosa. Recuerdo todo lo que tuve que andar, a paso veloz, sólo por verle a él durante una hora, una hora que pasó cual relámpago, todo lo que debí pensar mientras caminaba y caminaba deseando llegar a mi destino...Tus besos, tus jodidos besos, esos que tanto añoraba y con los que tanto había soñado hasta aquel instante. Y mientras andaba, pensaba...Y soñaba, por supuesto, soñaba con que quizás me sorprendería y se saldría de todas mis expectativas llevándome una rosa, diciéndome te quiero, teniendo un detalle conmigo, pensaba en cómo sería si sucediera, porque era de aquellas veces que por mucho que una supiese que algo no iba a suceder, aún así tu mente quiere engañarte y hacerte pensar en ese 0,1% de esperanza que albergas en tu corazón. Me aferré a ese 0,1%, ¡tonta de mí!, pero no me importó. Aquella esperanza se desvaneció en cuanto le vi, en cuanto me besó y me abrazó, en cuanto puse aquella cara de idiota, de nuevo, sin poderla contener.

Pasear en Otoño tiene un encanto especial, es como si tu alrededor te ayudase a llevarlo todo mejor, no sabes cómo pero te ves capaz de más cosas... Qué daría ahora por haberle dado un beso más, por haber hablado menos, por haberle disfrutado, por haberle conquistado, por haberle sentido unos segundos más... que daría ahora yo... Pero, ¿qué sabía yo por aquel entonces de conquistas y de tiempos? Aquel día sabía que no iba lo suficientemente abrigada, lo sabía, y pude sentir el calor de su cazadora, aquel día sabía que se me había olvidado el paraguas, lo sabía, y pude abrazarme más a él cuando comenzó a llover en medio del parque, con suelos de hojas marrones y naranjas empapadas, con gotas deslizándose por cada flor. Lo sabía, pero no sabía que en su interior no era lluvia si no tormenta lo que había, tormenta de dudas, de amor y desamor, de querer y no poder, de sentir y perder.

Y llegó la despedida, nuestra tercera despedida, debía volver a aquel mundo de subidas y bajadas, de idas y venidas, de campos de olivos olvidados, de noches que sabían a frío y nieve...de lejanía. Me quedé con el sabor de sus labios, con su dulce mirada siguiendo mis pasos al alejarme, con su pelo revoltoso que jugueteaba con el viento de este otoño. Me quedé, y su recuerdo ahí se quedó.
Que yo sabía, que sabía muchas cosas, pero con los días solo supe de despedidas, de esperas, de olvidos...
Esperaba un mensaje que no llegaba, un saludo que no existía. Esperaba un ¿nos veremos este fin de semana?  Ese marchó  y confié en él, confiaba en la distancia, ¿por qué confié? Quizáshasta entonces, no conocía de cerca a aquella vil malvada llamada distancia, que confundía corazones, que hacía olvidar amores.

Confié y me resigné a 
su llegada, allí estaba yo, esperando, pasando los minutos como podía; iba y venía, me miraba al espejo, me retaba a superarme, pero esperaba, solo esperaba, sabía que él ya había llegado, sabía que él también conocía que yo estaba allí, que deseaba verlo, que deseaba besarle, sabía que él sabía. Pero él no supo como contarme que la distancia juega con los corazones débiles, que confunde miradas, y ayuda a cometer estupideces. Y no lo supe no supe lo que él sabía, hasta que la vida decidió calmar mis dudas, aliviarme la tristeza, darme respuestas a mis porqués: - ¿Oye, sabíais que... estuvo con una chica cuando viajaron durante aquella semana?- Y mis porqués fueron contestados, mis dudas fueron resueltas, y a todas las palabras que nunca me dijo supe darle sentido... El final. No había más. Me fui de aquel lugar, me hice paso entre la gente, ocultaba mis lágrimas para hacerme más fuerte, y la gente me agobiaba, no podía respirar. Un mes antes yo hubiese sido aquella niña, pero no, todo cambió y delante mío sin yo saberlo acabó. Mi cabeza siguió empeñada en ese maldito 0,1% de esperanza, que yo siempre he odiado y me había jugado una mala pasada, sabía que él es un despistado, sabía que él es un pasota, sabía que él no le gustaba la lejanía, sabía, sabía, sabía...no sabía nada, no te engañes.




Siempre se ha sabido que nada en la vida es para siempre, pero a veces dura lo suficiente para ser inolvidable, esto es lo único que sé.

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